YOGA Adultos Mayores

YOGA Adultos Mayores
27 noviembre, 2018 prema yoga

Las clases de yoga para las personas mayores son adecuadas a sus capacidades, trabajando dentro de los límites de lo permitido por el cuerpo y siempre apuntando a mejorar la calidad de vida de la tercera edad en todo sentido. Siempre es bueno tener en cuenta esta práctica, la cual nunca es tarde para comenzarla.

Algunas posturas, obviamente, son mucho más suaves y tranquilas que las de una clase de yoga para gente más joven. Es que no todas las personas a esa altura tienen sus huesos y músculos en tales condiciones.

De todas formas, lo que se busca en una clase de yoga para la tercera edad es estimular la flexibilidad muscular, la irrigación y la postura. El cuerpo se oxigenará de gran forma y, progresivamente, se podrá trabajar con ejercicios de mayor complejidad.

Es importante primero consultar con un médico si se tienen problemas óseos o musculares. Él seguramente sabrá explicar cuáles son las posturas que se pueden realizar y cuáles no. Más allá de esto, siempre es una buena oportunidad para comenzar a practicar yoga. Se tenga la edad que se tenga.

El envejecimiento saludable se define como el proceso de optimizar las oportunidades de salud física, mental y social que permitan a las personas mayores participar activamente en la sociedad sin padecer discriminación y disfrutar de una calidad de vida buena e independiente. Está documentado el efecto positivo que la participación y el soporte social tienen sobre el bienestar. Las personas que se implican activamente en la vida y que tienen relaciones sociales son más felices, tienen mejor estado de salud mental y físico y más capacidad para afrontar los cambios y las transiciones vitales. El yoga puede ofrecer ese espacio de relación y contacto con el otro, al inicio y/o final de la clase, en series en pareja, con masajes, canto de mantras y la práctica de yoga en grupo. El yoga, propone la unión del individuo con el Todo, esto puede ayudar a nuestros mayores en su sensación de soledad a sentirse parte del grupo y grupo a su vez, integrando la unión y la sensación de comunidad y pertenencia. Si no morimos en el camino, todos llegamos a la tercera edad; es una etapa más en nuestra vida, para la que debemos prepararnos con objeto de vivirla de la mejor manera posible. Nacemos, crecemos, maduramos, envejecemos. Hay que aceptar todo el proceso y adaptarse física y psicológicamente a cada una de sus etapas. El organismo llega a una fase de involución y se inicia un envejecimiento. Exteriormente se manifiestan algunos rasgos de envejecimiento como: cabellos blancos, arrugas, flacidez… También los órganos internos empiezan a dar señales de envejecimiento, como dolores musculares o articulares, problemas respiratorios, circulatorios o digestivos. Socialmente, se considera a las personas mayores a partir de los 60-65 años, edad de jubilación, aunque puede resultar variable según el contexto y situación social y económica. A pesar de que cada tejido, cada organismo, cada aparato envejece por cuenta propia y con velocidad y ritmos distintos a otros, no se puede hablar de un punto o un instante en la vida del ser humano en que la evolución se vuelva involución. Sus causas continúan siendo un misterio. El programa inscrito en nuestros genes de desarrolla de manera distinta según los individuos y está considerablemente influido por el medio en que vivimos. La persona mayor debe tomar una actitud positiva en la vida y la primera de estas actitudes básicas es aprender a ser uno mismo, aprendiendo a saber vivir consigo mismo, a conocerse tal y como uno es, con sus dimensiones reales, espaciales, temporales, corporales y espirituales. A lo largo de la vida vamos aprendiendo y madurando. La tercera edad es el momento más alto de madurez. Las personas mayores tienen en su poder un tesoro de sabiduría y experiencia, y sólo por ello merecen respeto, por lo que deben ser valoradas y no marginadas. Son muchos los años que permiten prepararse para la vejez. A lo largo de toda la vida se tiene la posibilidad de disponerse a vivir una ancianidad sana y equilibrada y de aceptar la llegada de este momento evolutivo de una manera positiva y natural. Para vivir una vejez sana, es necesario interiorizar cada una de las etapas anteriores y aprovechar las posibilidades que ofrece cada momento evolutivo. Hay que enriquecer las vivencias e intentar ser felices siempre que sea posible, buscar soluciones a los problemas y encontrar alternativas para cada situación. Hay que procurar seguir evolucionando siempre, tanto física como intelectualmente, sin dejarse llevar por la comodidad y la rutina, fortaleciéndose, enriqueciéndose en todo momento y a cualquier edad. Hay que sentirse vitales siempre, desde el nacimiento hasta la muerte. Cuanto más se enriquezca la vida y de cuantos más recursos se dispongan para enfrentarse con las diferentes situaciones, mejor se afrontará la vejez y mejor se aceptarán los posibles problemas con los que nos podemos encontrar en esta etapa de la vida. Nos parece básico vivir siempre con ilusiones, hacer planes, tener proyectos propios a corto y largo plazo. Aprender a valorar las pequeñas cosas de la vida, lo que sucede a diario, para fortalecerse y enriquecerse interiormente. Llegada la vejez es necesario no encerrarse en uno mismo y no dejarse vencer por los problemas y las preocupaciones. Aunque la sociedad nos jubile, seguimos siendo personas con necesidades y motivaciones, será necesario pues, aceptar con optimismo la nueva situación y buscar en todo momento la parte positiva de las cosas. Es importante buscar actividades gratificantes que ocupen el tiempo libre, que ayuden a sentirse mejor, a aceptarse a sí mismo y a los demás. La práctica de yoga puede colaborar muchísimo en estos puntos mencionados pues es una actividad que llega a lo físico, a lo psíquico y a lo emocional (cuerpo-mente-espíritu). Posiblemente, a lo largo de la vida, no se haya dedicado tiempo al cuidado y conocimiento del cuerpo que ha estado abandonado y olvidado, y sólo en el momento en que este comienza a fallar, a dar signos externos de envejecimiento o dolores, nos damos cuenta de que tenemos un cuerpo al que hay que atender y cuidar. Pocas veces a lo largo de la vida nos paramos a pensar en el cuerpo, a sentirlo, a observar cómo se mueve y desplaza, cómo reacciona ante el exterior y cómo reacciona con su entorno. Nuestros movimientos se han visto limitados a los necesarios para la realización del quehacer diario, para las tareas cotidianas de nuestras vidas. Muy pocas son las horas que se han dedicado a conocer el propio cuerpo, a sentirlo, escucharlo y valorarlo. Debemos procurar pues, en la jubilación, dedicarle un tiempo. Debemos ayudar al cuerpo a envejecer armónicamente y darle la atención que merece, así responderá mejor a todo el proceso de envejecimiento, sin frustraciones, menguando posibles problemáticas, siendo la vejez una etapa más de la vida en la que poder estar de forma natural. Hay que dar al organismo lo que necesita para mantenerse sano: comida equilibrada, actividad física adecuada, y el descanso necesario, evitando, en lo posible, la ingesta de medicamentos o similares. El organismo envejece, se transforma y va perdiendo progresivamente sus facultades. En cada persona, este proceso se produce a un ritmo diferente. Hay quien, aun conservándose en óptimas condiciones físicas, pierde facultades mentales como, por ejemplo, la memoria. De todos es conocida la demencia senil, en que hay una degeneración de las capacidades mentales de la persona como puede ser la pérdida progresiva de la memoria y la pérdida en la capacidad para prestar atención. A mediad que pasan los años, estas alteraciones se van acentuando. Ello no significa que todas las personas mayores sufran esta alteración. También puede ocurrir que una persona se conserve en óptimas condicione psíquicas y que, sin embargo, pueda tener problemas de tipo físico, como artrosis, problemas cardiocirculatorios, respiratorios… Lo que sí es cierto es que, frente a todas estas posibles alteraciones que pueden sufrir las personas mayores, la actividad física actúa positivamente, ya sea como prevención o bien como mantenimiento. Así pues cada persona deberá practicar el tipo de actividad física que más le convenga y que se adapte mejor a sus necesidades, trabajando con la intensidad y el ritmo que le sean más cómodo. El Yoga, junto con la Meditación, la Respiración y la Relajación, pueden ayudar a las personas mayores a mejorar su calidad de vida. El yoga es para todos: sanos, enfermos, discapacitados, gente mayor, niños… todo el mundo lo puede practicar, porque el yoga se adapta a las necesidades de cada persona, tengamos o no un buen estado físico. Los beneficios del yoga son múltiples: con las asanas aumentamos la flexibilidad y fortalecemos nuestro cuerpo; con las técnicas de meditación sosegamos nuestra mente y encontramos armonía interior y con los ejercicios de pranayama desarrollamos nuestra capacidad respiratoria a la vez que nos ayuda a mantener un estado de calma y estabilidad emocional recargando nuestras reservas de energía. Hallaremos un sistema duradero para mantener la salud y fomentar una sensación de bienestar y realización personal. La práctica del yoga puede suponer a las personas mayores muchos beneficios, ya que es una disciplina que no requiere de movimientos bruscos ni de gran actividad física y que se acopla a cada persona sin sobrepasar nunca sus límites. Tanto si es habitual como principiante en la práctica, los ejercicios les resultaran gratamente beneficiosos. Con el paso de los años el cuerpo humano tiende a perder flexibilidad y tono muscular, se vuelve rígido y hay una disminución del movimiento. Los huesos se vuelven más frágiles y los músculos pierden tono. Con la práctica habitual del yoga corregimos problemas posturales así como futuras lesiones ya que aumenta el nivel de flexibilidad de las articulaciones y fomenta el fortalecimiento de los huesos. El aumento de flexibilidad produce en el organismo algunos beneficios colaterales, tales como: -incremento en el radio de acción de movimientos. -ayuda a prevenir lesiones, como desgarramientos, distensiones… -aumenta la posibilidad de soportar caídas con menor riesgo de lesiones. En personas mayores es frecuente sufrir dolores crónicos provocados por enfermedades como artritis, artrosis, osteoporosis, dolores reumáticos y también inflamación de las articulaciones con dolores espontáneos o coincidiendo con los movimientos de éstas. La columna vertebral es un punto doloroso también habitual, ya que con los años el cuerpo humano tiende a encorvarse provocando una mala postura.

Las asanas constituyen un buen apoyo preventivo para los dolores. Un gran número de personas de la tercera edad lleva una vida demasiado sedentaria que se incrementa a causa de sus dolencias, provocando un empeoramiento del estado de salud. Con la práctica de las posturas se ha demostrado que hay una mejor lubricación de las articulaciones y un fortalecimiento de la masa ósea, reduciendo o mejorando el dolor de los pacientes afectados por alguna dolencia.

La meditación también es un gran aliado para sobrellevar mejor la aflicción, ayuda a ser más consciente del dolor que se tiene y reduce la ansiedad provocada por el sufrimiento.

A medida que envejecemos nuestra corporalidad y motricidad se debilitan, el sistema motor se ve afectado y nuestras habilidades motrices se deterioran, provocando un aumento de desequilibrio en nuestro cuerpo. Todo ello puede hacer difícil el caminar y realizar otras actividades de la vida cotidiana. Una de las consecuencias más graves de la disminución del equilibrio en la tercera edad son las caídas, provocando fracturas de hueso e incluso lesiones más graves. Es muy importante mantener una actividad física (en este caso con la ayuda del yoga), ya que los ejercicios mejoran la fuerza y aumentan la masa muscular, ayudando a mejorar la movilidad y disminuyendo el riesgo de sufrir caídas. Al tratarse de ejercicios suaves, el yoga es ideal en estos casos, resultando altamente beneficioso para la gente que lo practica.

Bienvenido el YOGA a lo largo de toda nuestra vida!

Namaste

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